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Ja! Da! SONNE!!!

…und schon wieder weg.

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Bonjour Jura

Bergauf, bergauf und bergauf. Viel Abwechslung boten die heutigen 65 Kilometer nicht. Geradezu grotesk die Temperaturen dazu: Eine stechende Sonne knallt schon um 9 Uhr morgens vom blauen Himmel, man schluckt die 1,8 Liter Wasser in einer Stunde weg, während verwaiste Skigebiete und Schilder für Schneeschuh-Wanderungen an einem vorbeiziehen.
Landschaftlich heißt uns das Jura-Gebirge mit einer Vielseitigkeit willkommen, die ihresgleichen sucht. Schroffe Felswände, dunkelgrüne Täler, dichte Nadelwälder, sanfte Wiesen, steinige Schotterpisten, moosige Pfade. Der GTJ, die „große Jura-Überquerung“, ist hervorragend ausgeschildert und verspricht, richtig anstrengend zu werden.
Doch bevor wir uns am ersten Tag zu sehr verausgaben, drängen sich Wolken in der kompletten Palette an Grau- und Blautönen an den Himmel. Wir werden von einem satten Platzregen erlöst, der uns gestattet, schon um 18:30 das Abendlager aufzubauen.
Ab unter die Plane. Wir wählen die Aufbau-Variante „Zelt“: Zwei Stöcke in die Mitte, die Ecken in den Boden. So kann es von der Wind-Seite nicht reinregnen. Nachdem wir den ganzen Tag mit krummem Rücken auf dem Rad hockten, kriechen wir nun ebenfalls gebeugt in den kleinen Unterschlupf. Eike, der verwöhnte Schnösel, bekommt Heimweh:

„Alter, ich brauch ja nicht viel, aber ein Zimmer, in dem man stehen kann, das wär echt mal wieder nicht schlecht.“

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„El hombre tranquilo“ o „Enemigo a las puertas“ (elija usted el título).

¿Qué haría usted si llega tranquilamente a su casa y encuentra a varios desconocidos acampados en su jardín? Una opción sería llamar a la policia o preguntar qué coño pasa. O presentar un interdicto posesorio en el juzgado para evitar la usucapión por parte de los desconocidos (esto solo hace gracia a aquéllos que sois juristas.)
Era ya casi de noche y nos disponíamos a preparar la cena, después de pasar una agradable tarde en un pequeño pueblo francés de Gascuña llamado Eauze. Tras llegar a nuestro lugar de asentamiento (léase la casa de Juan de los Gansos) y colocar el toldo protector para pasar la noche, y extender por el suelo todos nuestros enseres, nos sentamos en la mesa con nuestra botella de vino y encendemos el hornillo para hacer la pasta. En ese preciso instante un pequeño coche blanco aparece por la carretera y accede al jardin por la pista de tierra hasta aparcar a pocos metros de nuestro toldo. El hijo de Juan de los Gansos viene con los niños para visitar al abuelo. El impacto debió ser tan fuerte que el pobre hombre no tuvo ocasión de reaccionar. Su cara estaba totalmente paralizada. Lo único que pudo hacer fue contestar al saludo que venía de la mesa con un leve bonjour. Seguidamente entró con sus hijos en la casa sin realizar ninguna pesquisa más. Lo más normal del mundo, ¿no les parece? Para que preocuparse en estos tiempos de estrés. Además, con la seguridad que hay hoy en día.

(Einziger Eintrag, zu dessen Verfassen sich Javier bewegen ließ)

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